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Unos días de transformación


Según avanza el calendario, quedan pocos días para las elecciones generales y las encuestas van y vienen y… la sorpresa es que el candidato que el ‘pueblo no quiere’, parece estar repuntando en popularidad y estas elecciones, pues se están pintando mas y mas como una repetición de las anteriores en las que en una segunda vuelta, la pregunta no fue ¿Cuál es el mejor? Sino cual es el menos dañino para el futuro del país, y esto es por supuesto, esperando haya una segunda vuelta, ya que a la velocidad que el candidato que el ‘pueblo no quiere’, arremete, pues puede no llegar a necesitar una segunda vuelta para colocarse la banda presidencial.

Pero, hagamos una pausa y reflexionemos sobre lo que ha sido hasta el momento el ‘proceso’ electoral y como es que se ha llegado ha las circunstancias actuales.

No es el número de candidatos, ni lo que los candidatos tratan de vender, sino lo que los candidatos ‘cargan’ a otros, pecados, mayores y menores, y lo que los hace ‘inelegibles’ y las diferencias ‘irreconciliables’, y el tsunami destructivo arrasa y arremete y ningún candidato se libra al final de la arremetida electoral y, bueno, no todos, por que al final, aquel que el ‘pueblo no quiere’, parece que es olvidado y mientras que el enfoque general ha sido con los que ‘pueden ganar’, aquel que ‘no puede ganar’, está ahora ganando en las encuestas por supuesto, que mientras carecen de valor alguno, pues es precisamente a aquel sector no considerado ‘capaz’ por no ser propiamente educado; al que éste le llama la atención como la ‘solución’ no probada.

El problema no está en tener que abrazar la corrupción y los malos manejos, de lo que no solo los candidatos son culpables, puesto que se han constituido en la cultura del tiempo y mientras se ataca a los políticos por ser tan ‘corruptos’; pocos de los que acusan, son los que no se mojan en ese mar de corrupción, lo que hace imprescindible poner la atención en lo que ofrecen para el peruano, estos señores candidatos, y es importante asimismo incluir, muy prominentemente a aquel que el ‘pueblo no quiere’, porque sino, el pueblo lo va a terminar eligiendo, a falta de otra opción que aunque sea, le de la idea de cambio.

Los de cierta generación, hemos experimentado la ‘robolución’ velasquista que nos robara el futuro en 1968 y que mientras que fue un golpe militar mas, fue el comunismo en su expresión mas clara, y el Perú de entonces, ofrece impresionantes y aterrorizantes paralelos al Perú de hoy. No es la intención de esta nota la de relatar historia sino la de llamar la atención a todos los peruanos, grandes y pequeños, pudientes y no pudientes; sobre la situación que vive el país y la muerte que arriesga al experimentar nuevamente con el comunismo criollo. Para los que no se han dado cuenta, el comunismo nunca existió, pues su aplicación es utópica, que quiere decir inaplicable, lo que quedan son los comunistas, parte de esa maraña socialista que envuelve el colectivismo y que abarca a todo lo que representa dominio del estado sobre el pueblo.

Se puede argumentar, con cierta razón que el Perú del 1968, no era el Perú del 2011 y que mucha agua ha pasado bajo el puente y que las realidades han cambiado tajantemente si no totalmente, pero que lo que se observa es que mientras que no se trata de una misteriosa ‘página once’ brillando poir su ausencia, lo que clama por el cambio, es una lista de acusaciones contra candidatos sujetos a los mismos parámetros de corrupción de sus acusadores y el reclamo es por soluciones mágicas, por esa solución mesiánica ofrecida por aquel que está dispuesto a ‘tirar la primera piedra’ y que puede hacerlo porque se encuentra sin culpa y en el proceso, y mientras tanto, la caída se hace mas rápida y vertiginosa y la esperanza menos real.

La solución para el Perú está en manos del peruano, a todo nivel y consiste primero en rechazar, no acusar, rechazar la corrupción, no perderse en acusaciones estériles. El poner un freno a la corrupción quiere decir ‘decir no’ enfática y tajantemente a lo que se nos presente como ‘ventajoso’ pisoteando la legalidad. Claramente existe una presión en el sistema que impulsa la cultura de la corrupción y es el tener al estado como único benefactor y como tal, tenerlo en una dimensión insostenible y por tanto, el gran número de empleados y funcionarios públicos, fortalecidos en sus posiciones de poder debido a las prerrogativas otorgadas por el sistema, pero terriblemente mal pagados, se constituyen en principales vehículos de tentación. El elevar salarios al sector público, sin reducir su número y prerrogativas, no es una solución puesto que solo agrava el problema. Por tanto, la solución está en racionalizar los servicios públicos a lo que el público realmente puede necesitar y no lo que el público esta obligado a necesitar. Es importante recalcar que la corrupción extrema obliga al mercado negro y la desintegración del proceso legal.

El peruano es el único que podrá ‘salvar’ al Perú, y en esta intención tienen que incluirse a todos los peruanos puesto que existe aún un inmenso sector de ese ‘pueblo’, aún marginado, perdido en una miseria perene y desesperante.

La miseria no va ha desaparecer en minutos ni porque se elija a uno u a otro candidato, y desde luego tampoco repartiendo el tesoro público o jugando a quitar y dar, sino es un proceso que tiene que ver con aquel mandamiento divino que nos obliga a amar a nuestro prójimo como a nostoros mismos después de amar a Dios sobre todo y ante todo.

La miseria en el Perú, es probablemente el lado mas penoso y aterrorizante de la corrupción puesto que pese a materializarse constantemente en diversas formas, en las noticias con la cantidad de robos y secuestros, en el falso sentido de ‘seguridad’ que se pretende vivir, en el nivel de vulgaridad a lo que se reduce al arte y la cultura; tal parece no se reconoce ni cuando el candidato que el ‘pueblo no quiere’, empieza a avanzar en las encuestas y lo cual presiona al electorado a elegir, si jamás llega la oportunidad, a aquel candidato que ‘evita’ a ese candidato, en una segunda vuelta insatisfecha y desesperada.

Quedan unos días para que el Perú decida quien será el líder, o quienes serán los contendientes en esa segunda vuelta y es hora de buscar virtudes y no defectos de analizar el presente y comprometer al futuro, porque no es el pasado lo que está en juego sino el futuro mediato e inmediato en vez de el caer nuevamente en cuarenta años de oscuridad perdidos en el colectivismo populista en el que el estado se torna en ‘bondadoso’ hacedor de vidas y en el que el individuo se torna en un vehiculo de corrupción y pesimismo y absolutamente de egosimo.

La alternativa por supuesto es la de encontrar aquel grupo de virtudes mediante las cuales el peruano sea protagonista directo de su solución, como individuo pensante y libre de velar por su hogar y su familia en un ambiente de oportunidades hechas posible gracias a la poca ingerencia del estado y a su capacidad de realizar sueños brindada no por el estatismo sino por su ausencia.

Hace poco el peruano votó aplastantemente por la vida, y ahora le toca votar por su libertad, por su rompimiento de ese colectivismo y también de ese egoísmo que este impulsa y genera; a favor del gobierno del individuo sobre el estado, de la libertad de este.

Si la realidad dice que son pocos los que en el Perú, pagan impuestos, la solución nos es la de exprimir al que tiene el poder de transformar mediante empresas generadoras de empleo y capital, sino de transformar el fasco en algo asequible a todos, porque los que no pagan tienen que de alguna forma participar de la prosperidad de la nación y la mejor manera es contribuyendo si acaso por el anhelo de un dia alcansar riqueza y porque los que tienen los medios, igualmente contribuyan en términos equivalentes pero que a su veces gocen de las garantías para que sus inversiones en el Perú, sean seguras.

En estos doce días la tarea es clara y el objetivo es el de generar en el pueblo, la confianza de que existe un solo Perú y que este, vela por todos, porque son los peruanos los que están unidos y por tanto, el pueblo tiene que abandonar a aquellos candidatos que ofrecen y siguen ofreciendo al estado como niñera y benefactor, a través del caudillaje o el cacicazgo, cualquiera que sea la idea o como se presente, el colectivismo debe de ser rechazado y pues el poder del individuo sobre el estado es la única solución.

No existe solución ni fácil ni simple, como no la hay inmediata, pero lo que si es posible ofrecer es una dirección, lo que los lideres buenos pueden garantizar y hacerlo en base a compromiso e integridad.

Recemos pues ppor ese cambio de actitud en el elctorado hacia una busqueda de soluciones, hacia una objetividad positiva y productiva y no destructiva por todos nos estamos dando cuenta a quien favorece realmente eso y al final, aquel a quien ‘el pueblo no quiere’, se la va a llevar lo quiera el pueblo o no.