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Saturday, November 5, 2011

Números redondos y población mundial

Números redondos y población mundial

La explosión poblacional es critica solo en la mente del egoísmo, de aquellos que se rehúsan a ver otros seres humanos, o que solo ven objetos utilitarios en vez de al prójimo.
Si el hambre del necesitado nos molesta tanto, echemos un vistazo a nuestra propia despensa o refrigerador y reflexionemos en todo lo que tenemos y en qué forma podríamos compartir o aliviar esa hambre. El que todos tengan lo que yo tengo no es la solución, sino el que todos tengan el acceso que yo tengo a satisfacer mis necesidades para que puedan satisfacer las suyas.

El amor al prójimo no es el regalar sobras o repartir excesos, sino hacer participes a los menos afortunados de nuestras bondades, las que Dios nos ha dado para ese fin. Como pone el dicho; ‘si una persona tiene hambre, no le regales pescado, sino enséñale a pescar’. Pero creo, también mas allá de esto está el dejarlo o permitirle pescar.
Similar fanatismo existe a aquel del crecimiento poblacional, en aquel de la preservación de la especies. Dios nos ha dado a cuidar innumerable número de especies y muchas de ellas para nuestro consumo. La caza o pesca indiscriminada desde luego no pueden ser positivas bajo ningún aspecto, pero la veda permanente basada solo en estadísticas antojadizas y muchas veces ‘corregidas’ de acuerdo a la necesidad, no sirven nada bueno, porque en el mercado se reduce la oferta y los precios suben y se hacen inalcanzables al más necesitado.
No está pues en el estado el proveer ese elemento fiscalizador que muchos ven como la solución. La intervención estatal solo llama a fomentar la corrupción de cualquier sistema y a su desfiguración, siendo al final el más pequeño, el pobre, el que sufre.
El vehículo más positivo es el de la vía educativa, poniendo a Dios nuestro creador al frente de la satisfacción de nuestras necesidades y a Jesús y su verdad en el evangelio como la única posible solución. No, no es el estado el que debe de educar sino los padres, los dos, tomando a su cargo esa responsabilidad que adquieren con la paternidad y extenderla hacia la elección y manejo de los establecimientos de enseñanza haciéndose custodios exclusivos de sus hijos.
Si el fanatismo agarra riendas es porque el amor al prójimo ha rendido su poder al bienestar desfigurado del egoísmo que dice que si yo ya vivo, para que me alcance, los otros tendrán que ajustarse o no existir.
Dios nos ha puesto como custodios de este planeta a todos y, de nuestros hijos, y nos ha dado la ley a seguir, en solo Diez Mandamientos de los cuales los siete últimos dependen de los tres primeros y que se resumen en ‘amar a Dios con toda el alma y con toda intensidad, primero que a nada o a nadie y, a nuestro prójimo como a nosotros mismos’.
Si la ley de Dios es tan simple y directa y es alcanzable a todo ser humano. ¿Porque es que la ley que el ser humano continúa imponiendo, tiene que ser tan compleja e inalcanzable?
Los problemas del mundo no son pues producto de una mala creación, sino de un mal manejo porque esperamos de otros que cumplan con lo que es exclusiva tarea nuestra, y es en eso que está solo en nosotros; no políticos, no profesores, no dirigentes sindicales, no la policía; solo nosotros como individuos pensantes, seres humanos creados a la imagen y semejanza de Dios, con dignidad, individualidad e identidad, en nosotros el tener la facultad de resolver estos y otros problemas.
El papel del estado está en proteger la vida y la libertad de cada individuo, no porque seamos todos iguales entre nosotros, sino porque lo somos frente a Dios y de tal manera, solo la ley que nos pone en ese plano es la ley que se puede obedecer.
El mundo debe de bendecir con regocijo y alegría, la llegada de cada bebé, como sea que Dios ha dispuesto que nazca, y con cariño y amor, asumir ese mandato de custodia y cuidado, porque los niños no son solo el futuro, sino que son los que nos impulsan a servir a Dios y a ganar nuestra salvación.