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Tuesday, September 4, 2012

Que esta bien y que esta mal (recibido de Adonai)



De: El aula de la Biblia
No hace falta ser un genio para saber qué es pecado y qué no lo es. Una conciencia recta lo distingue enseguida. Por ejemplo, matar a una persona es pecado, como lo es estafar al prójimo, como lo es el adulterio, o la mentira, o aprovecharse de la indigencia del prójimo para fines menos rectos, el insulto y menosprecio a los propios padres, despreocuparse de las obligaciones en el trabajo, dejar que la empresa se hunda y así llevar al paro a familias enteras, engañar en pesos y medidas, prometer la luna para que voten por mí y después forrarse, hablar mal del vecino y esparcir falsedades en el mercado, la prensa o la televisión. La lista no acabaría nunca.

La conciencia
La conciencia recta lleva de algún modo el sello de la ley de Dios. Él la da a todos para que sepan cómo comportarse. Es una voz que nos dice lo que está bien y lo que está mal, que algo es justo y razonable o que va contra la razón, contra la verdad, contra la convivencia entre las personas. Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, ¿te acuerdas de ellos?, no son más que una exposición de lo que dicta la recta conciencia.
De un pecado a otro
Claro que el pecado crea una facilidad para el pecado y engendra así lo que llamamos vicio. Matas una vez y otra y otra y, al final, matar te parece tan normal. Pregúntaselo a los pistoleros. Empiezas a decir mentiras y no acabas nunca, pero, ¡ay si te llaman mentiroso!  Te aprovechas una y otra vez de la necesidad de una persona y crees que puedes hacer uso de ella para satisfacer tu soberbia, tu avaricia o tu lujuria. Luego mirarás a todas las personas con ojos de soberbio, de trapichero y te creerás que todos son como tú, con patente de corso para comportarte, ¿sabes cómo?, por instinto, a lo animal.
El pantano de lodo
Pecar es como entrar en un pantano de lodo donde el primer paso da igual, el segundo sólo merece un ¡bah! y el último te revuelca en lo más bajo a donde puede llegar un hombre. Te va a atenazar de tal manera que acabarás por justificarlo diciendo que, bueno, da lo mismo y, además, soy libre, es mi derecho y hago lo que quiero. La maldad del pecado te aparta de Dios y te hunde en el infierno.
Pecados y pecados
Por supuesto que hay pecados y pecados. No es lo mismo un acto de vejación contra un pequeño que quedarse con las 200 monedas de cambio que el tendero te ha dado de más. No es lo mismo la dejadez en la fe cristiana y ni mencionársela a los hijos, mire usted, que hagan su propia experiencia, o ser alérgico a la Misa, es que el domingo está hecho para descansar ¿no?, que ordenar a tu hijo cuando va a abrir la puerta que diga que no estás.
Hay una gran diferencia entre retener injustamente el salario al obrero y robar una botella de whisky en la tienda. Todos sabemos que no dirigir la palabra a un familiar o romper con él por meses y meses, porque, como tú dices, te ha ultrajado sin razón alguna, no es lo mismo que echar una maldición al peatón que cruza mal y casi cae bajo tus ruedas
Responsabilidad
Somos responsables de nuestras propias acciones y omisiones y, también, de los pecados cometidos por otros cuando cooperamos con ellos o los aconsejamos o hacemos que los cometan. Lleva a tus hijos a una película picante y verás qué ojos ponen. Seguro que los llevas para que conozcan, faltaría más, la realidad de la vida y ahí los tienes ahora, bien corrompiditos, dignos vástagos de un indigno padre. Dedícate a distribuir droga o pornografía, hasta que la sociedad entera siga ese modelo que se aprende con tanta facilidad  y tú nades en la opulencia, que ya se ocuparán otros de desintoxicarlos. ¿No pagamos impuestos para eso?
Pecados sociales
Hay situaciones que se pueden llamar pecados sociales. Por ejemplo, una sociedad donde las cosas van de tal manera que los jóvenes no pueden encontrar trabajo ni fundar un hogar; donde es imposible acceder a una vivienda o el paro es tan grande que hay muchos que viven en la pobreza, mientras que otros hacen negocios fantásticos, nadie sabe cómo ni a costa de quién, y derrochando y  viviendo ostentosamente. Son situaciones que claman al Cielo y de las que Dios pedirá responsabilidades y no precisamente por insolidaridad social.
¿Quién te puede librar del pecado?
Jesús vino a librarnos del pecado y nos llama a dejarlo, a pedir perdón, reconociendo con hombría que somos lo que somos: unos pobres pecadores. Tenemos que pedir perdón por nuestros pecados y faltas. Si, como el hijo pródigo, volvemos a Jesús y de verdad nos arrepentimos del mal que hemos hecho, prometiendo hacer todo lo posible por evitarlo, Jesús sabe perdonar. Por eso mismo le llamamos Salvador.
Repite con humildad "Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí que soy un pobre pecador" y vete a confesar.